Toda moral
consuetudinaria dicta la sentencia de la prosperidad a ciertas edades
estipuladas, por mera comodidad. Para su mejor ubicación y utilización.
En Occidente se ha
capitalizado tanto la caducidad de la productividad humana, que se aducen a
ciertos estados de la trayectoria vivencial etiquetas y esquemas propicios para
la <superación>. Pero es <superación> de quien le percibe, no de quien
pretende llegar a esa meta.
Si bien el
<destino> es distinto para cada sujeto, asimismo hay un momento prólijo
para exacerbar ciertas cualidades que estén en su máximo apogeo. Pero ante la
posible moral de alquien que pudiera percibirle, tales cinismos caerían del agrado
y sería digno de reprochar y acongojarle con restricciones o insozlayables
improperios.
Occidente se ha
regido por la religión judeocristiana misma que, determinó la libertad
simbiótica del individuo con su credo y moral a partir de su aparición hasta
poco entrado el Renacimiento. No obstante, mientras más aglomeración urbana,
más motivos para rehacer la convivencia que poco a poco se distorsiona y
ejemplifica como una reminiscencia de algo que no vendrá.
Así, pues, se otorga
el juicio de las edades según la prosperidad iniciada por una moral
tempranamente inculcada. Nace, crece, adquiere posesiones materiales y muere.
¿Pero en qué orden se implica el crecimiento intelectual, a qué edad se es
menester perecer? Inclusive el nacimiento, resultado prematuramente de eventos
prennatales, no escapa a no conllevar un determinado reloj según la moral de
quien así lo <impone>.
Pensamiento juvenil.
Se concreta como la secuencia de juicios de temprana edad. Fresca para recibir
empíricamente indicaciones del entorno.
La edad no implica
madurez, mucho menos conocimiento.
Un hombre maduro que,
con 40 años en su haber, puede tener analógicamente la edad mental de un
mancebo, o inclusive carecer de preparación académica. En sectores de la
humanidad, donde no ha penetrado la cultura y que tanto el puritanismo como
escrúpulos, han impedido un desarrollo de una estructura y visión más amplia de
la humanidad, el proceso cognitivo se retrasa inclusive generaciones. Y
entonces un occidental con su manera de metabolizar la información hoy día tan
asequible, y las experiencias tan crudas y procaces del aceleramiento en el
neoliberalismo, coloca la madurez y el conocimiento en quienes antaño fueron
los más experimentados.
Donde en generaciones
previas a la mansedumbre comercial solía llevarse la vida según la vieja
usanza, ahora las conotaciones del significado de cómo erigir una vida, son
meramente ad hoc acorde a quien las interpreta. O según cómo se pretende
vivir hasta el final de sus días. Una considerable población adulta en pleno
siglo XXI presenta comportamientos de su juventud, que están dispuestos a
perpetuar indefinidamente. Es cotidiano ver personas maduras evocando actos
juveniles. O evocándose a sí mismos.
Un motero en su
chopper a los 50 años o una mujer que sale en sábado por la noche a bailar pese
a sus cercanos 50, son comunes en ciudades donde el desarrollo económico y
social ha sido un compuesto para la motivación conductual del individuo.
Contrariamente a tales desarrollos sociales tan <bondadosos>, en regiones
donde ecónómicamente se ha marginado para continuar con una productividad
mental, acompañada de sus menesteres y diversiones, se ha relegado el
esparcimiento y se atenúa la valoración de su empréstito. Vaya, es señalar con
dedo índice quién debe hacer qué a cierta edad, porque ya no representa
<reto> a los que tienen el vigor.
Hay inconvenientes
para seguir <creciendo> como persona, y son, a saber:
a)La edad como estado
mental; se es joven en tanto se tenga la actitud desenfadada e innagotable,
ávida por continuar.
b)La edad como estado
físico; contrario a la anterior, no siempre la actitud lo es todo algunas
veces. Un octagenario rejuveneciéndose al correr en patineta es mal indicio de
que alguien no ha <aprendido> de su edad.
c)La edad como causa
y factor económico; implicaciones sociales como atender una creciente familia,
inestabilidad económica o capacidades motoras, puede reducir las pretensiones
de <hacer con> y la juventud se ve menguada.
d)Retraso de la
maternidad; en Occidente, ha aumentado el número de mujeres que anhelan ser
parte del sistema capitalista, por lo que desean <realizar> sus metas en
un ámbito donde el fin es atesorar capital y funcionar a la misma velocidad
social que un hombre, por lo que, muchas mujeres retrasan la maternidad. El
desarrollo personal coincide potencialmente con la edad de más fertilidad. Ser
vanagloriada implica perder un derecho natural a ser madre cuando es menester.
Pero,
independientemente de factores individuales y económicos, el mayor inconveniente
a vencer, es el social.
Si ha de poder
demostrarse que se es <redituable> a una edad madura, no hay
inconveniente en seguir perpetuando tales acciones. Un Mick Jagger es más
rentable a su edad, que un profesor de química jubilado.
Sin embargo, es tal
la magnanimidad del género femenino en contender por el paralelismo capitalista
al género masculino, que se olvida que hay algunas variables que distan de
aquél.
En un mundo
capitalista donde la rentabilidad del humano se reduce inversamente
proporcional a su productividad y capacidad física, se ha reflejado la
prosperidad de contrataciones en recursos humanos del sector empresarial. Las
edades fluctuantes en contrataciones suelen ser entre los 18-40. Sin embargo,
los reclutadores no están exentos de las mismas charadas de las cuales, ellos
mismos son partícipes. En parte, la desaceleración social frena la jovialidad y
entusiasmo mental del individuo, por lo que debe incurrir en la misma
planeación social de aquellos que la han impuesto reiteradamente.
Por último, sólo cabe
decir que la vida es tan fugaz, que sólo la realización del momento es la que
trae la felicidad y vitalidad.
Como dice Epicuro:
"Quien afirma
que aún no le ha llegado la hora o que ya le pasó la edad, es como si dijera
que para la felicidad no le ha llegado aún el momento, o que ya lo dejó
atrás" .
* Goth Philosopher *