No es un asunto nuevo, mas sí recurrente en
la modernidad.
La reducción a cosificación de un infante es
el sustrato del cual, una conciencia proyecta en el niño sus interpretaciones, mismas
que paradójicamente coartaron parte de su infancia y por lo cual constituyen
parte de la información en los recuerdos del aparato anímico del adulto.
El abuso infantil, es la inhibición de las
facultades y libertades de un infante, causadas por un adulto. Regularmente, en
gran cantidad de casos, el adulto que incurre en este tipo de prácticas
delimitativas tiene más facilidad de cometer su maquinación debido a su
cercanía familiar con el agravado. Individuos que se encuentran en la misma
parentela, son quienes se adaptan a la confianza del infante, cosa que produce
confianza libre y sin restricciones sobre ellos.
El abuso infantil puede llevarse a cabo por
varios medios:
a)Psicológico- el
adulto busca saciamiento por introyectar en el infante una respuesta que el
adulto aduce como placentera. Utilización del pequeño como medio para saciar
fines maquinados.
b)Erótico- se busca
el coito, ya sea por tocamientos, manipulación genital o penetración en sus
variantes.
c)Teleológico- para
perjudicar a un tercero; puede considerarse producto de a) en tanto que haya
motivos para usarle como vehículo circunstancial.
En la antigua Grecia, se daba una
interrelación de mancebo-educando, llamada pederastia. En esta interrelación
social, no había injerencias de índole sexual, ya que lo buscado en la
situación, era el mejoramiento e iniciación en la sabiduría del educando. Esto
se traduciría en términos actuales de educación docente de tipo privado, o
asesorías. Posteriormente con la manifestación pública de la filosofía, el
educador y educando adquirieron nuevos epítetos, tales como erómenos y erastés. No obstante, la pederastia -παιδεραστία- en el siglo XX
incurre en el uso sexual de los infantes para alcanzar un placer, meramente
físico.
El auge se aviva cuando, por razones
monásticas, clericales, los sacerdotes en la modernidad han sido presa de estas
circunstancias. Si lo realizan o no, no es el punto a tratar de estas líneas,
mas sí, el hecho de por qué con más frecuencia se revelan o se llevan a cabo
estos abusos hacia niños.
Un infante es un humano cuya conciencia no
ha sido tan experimentada a comparación adulta, y su entendimiento no se
deslinda aún del sentimentalismo.
Es harto complejo que un humano pierda
inmanencia con el uso práctico y utilitario de otro humano como mera herramienta
para alcanzar su placer, hedonistamente hablando. Perder el derecho a saciar
los deseos, implica ser anacoreta, asceta o un tonto -en otro caso-; sin
embargo, emplear maquiavélicamente a una conciencia que no tiene mucha
percepción de su valía, es equivalerle a un "algo". La persona -en
este caso, el infante- se cosifica. Se le reduce al nivel metafórico de un
teléfono celular o un cigarrillo. Algo útil para continuar el placer efímero.
El infante al ser menor de edad y no
alcanzar las facultades o derechos que un ciudadano y potencial votante tiene,
es relegado a ser parte de la familia, como un objeto inerte o de fácil
adquisición como una mascota o un computador. El infante es entonces expuesto a
iridiscencias de la parentela o el círculo social más cercano. Son ya muy
expuestos los casos en que algún tío o padre de familia viola a su hija o
sobrina de no más de 4 años, o en los que la violencia es meramente verbal,
humillación y desprecio por la inocencia del menor.
En países de Medio Oriente como Yemen, Nepal
o Pakistán es frecuente encontrar aún matrimonios entre hombres maduros y niñas
que no alcanzan los 10 años. Algunas de ellas sufren desgarros en la noche de
boda al ser penetradas por algo que no era acorde a su edad o necesidad.
La conveniencia incurre en este término al introducirse
como mediadora del abuso infantil. Golpear a un niño porque existe o explotarlo
y capitalizar su inocente tiempo es porque el observador de esa niñez vio algo
que le convenía y quiso usarle como peón en un juego donde sólo sobrevive el
más fuerte.
Goth Philosopher