jueves, 23 de noviembre de 2017

La ética en la Inteligencia Artificial

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   Han pasado años desde que vimos los primeros robots en la televisión. El robot de Lost in space gritaba "Peligro, Will Robinson, peligro", o el de la cinta The Day the Earth Stood, que posteriormente hiciera remake Keanu Reeves, en cuya original aparece un robot con inteligencia propia.  Robotina de la familia Jetsons, nos resultaba divertida, con su apariencia de sirvienta. C-3PO y R2D2 de Star Wars nos entretenían ya finalizando los 70s. No es sino hasta mediados de los 80s, que Schwarzenegger con su Terminator nos da otra perspectiva de la inteligencia artificial. De igual manera la cinta Matrix.
 
    El ser humano tiende a antropomorfizar su entorno. Como dijese el sofista Protágoras "El hombre es la medida de todas las cosas". Las sillas, ropa, cualquier objeto humano, está basado precisamente por y para los humanos, en pos de su beneficio. Si fuésemos peces, haríamos cosas para beneficiar nuestra esencia marina. Tendemos a que nuestro entorno adopte la apariencia y cualidades de nosotros, los humanos. Vestimos a las mascotas como nosotros, queremos que el ecosistema se adapte a nosotros. Creamos a los dioses de todas las culturas con apariencia humana. Y creamos las herramientas a nuestra semejanza y utilidad. O al menos eso pareciera.

   Las herramientas han evolucionado desde el Paleolítico y Neolítico. Desde meras puntas clovis talladas con hueso de animales muertos, pasando por carretas jaladas por mulos, vasijas de ónix, agujas hechas de hueso, hasta jeringas metálicas hervidas para emplearse, o el telégrafo o unas simples pinzas. Sin embargo, el humano ha mejorado su pensamiento y, asimismo su tecnología. Desde la aparición de la máquina de Turing por Alan Turing en 1936, que es la precursora de la Inteligencia Artificial, hasta Windows 10, vemos que el humano continúa en su empeño por emular la creación. Emular la naturaleza. El humano se considera a sí mismo un dios, porque tiene la capacidad de crear.
 

   La Inteligencia Artificial fue propuesta como una respuesta para emular la mente humana. Tener la capacidad de crear una mente artificial desde la comunidad de una oficina. Las aplicaciones del lenguaje computacional beneficiaron mucho su desarrollo en últimas décadas, tales como Siri, o los robots que son empleados en cirugía a distancia, máquinas que ensamblan automóviles, o simples brazos que realizan actividades industriales tales como envasar jugos, o ensamblar juguetes. Ciertamente, ha sido harto beneficioso y ha tenido recibimiento positivo estas tecnologías, ya que han abierto la economía a múltiples empresas transnacionales para desarrollar productos en mayor número y en menor tiempo, muchas veces prescindiendo de la mano de obra humana.

 
   ¿Qué sucede cuando se comienza a desplazar el tiempo hombre en la sociedad? Se prescinde asimismo del individuo, del género que sea y de la edad que sea. El correo cotidiano se tornó obsoleto, ya no hay carteros que traigan misivas de nuestros queridos amigos, ya que disponemos del e-mail, ya no conversamos frente a frente con las personas, ya que poseemos Skype o messenger, o inclusive OS tales como Android, o Windows. Ya no hay ensamblados de máquinas de escribir ¡éstas no se requieren!, porque hay computadoras portátiles. Inclusive comprar en Ebay o Marcado libre elimina un intermediario, ya que lo hacemos sin ningún esfuerzo. Ahí es donde comienza el conflicto.

   El avance tecnológico no va de la mano con el avance moral, ya que en éste, muchas veces pareciéramos estar aún en la Edad Media. No es el hecho de preguntar ¿puedo clonar un mamut? Sino ¿debo clonar un mamut? ¿Qué utilidad práctica tendría para mí o la sociedad tener mamuts o dinosaurios clonados corriendo en la calle? Evidentemente, ninguna, ya que al contrario, sería un peligro para la especie humana misma. Ciertamente, la tecnología provee de ciertos beneficios a la sociedad humana para su confort, sin embargo, ese mismo confort va menguando su calidad y calidez humana. El individuo se reduce a un pisapapeles, un objeto inerte del que se puede prescindir. 

   En recientes años la Inteligencia Artificial ha evolucionado a tal grado, que los algoritmos se han mejorado hasta adoptar cierto auto reconocimiento del dispositivo, en este caso, el robot humanoide. En recientes fechas, han aparecido públicamente robots que pueden dar volteretas en el aire, o este ejemplo de robot ruso, que puede disparar dos metralletas a la vez. ¿Qué utilidad práctica tendría para una ama de casa, un invidente o una mascota, el hecho de que un robot dispare dos armas a la vez? A menos que ellos detenten contra la integridad de los seres vivos, no tiene utilidad alguna, excepto para la milicia. 

   El caso más sonado, es el del robot Sophia, que recientemente recibió ciudadanía de Arabia Saudita. ¿Desde cuándo un algoritmo, un software, un dispositivo, puede tener ciudadanía? ¿Qué es la ciudadanía? ¿Quién la define, bajo qué criterios? ¿Qué es una persona? ¿Un niño no puede ser ciudadano, un perrito, un delfín? 

 
   Asimov describe en su célebre novela Yo, robot, las tres leyes de la robótica, ya que él mismo tuvo noticia de estas herramientas, en caso de que pudiesen ser empleadas por unos humanos en contra de otros. No es posible, mas sí es factible. 
 
   No se trata de desplazar al individuo, sino hacer mejor su vida, tener una mejor calidad de vida. Sin embargo, conforme la tecnología avanza, notamos que el individuo deja de lado su libertad, y se recluye en el confort. ¿Para qué caminar a ver  a mi amigo, si puedo verlo en videollamada? ¿Para qué jugar trompo o balero, si hay Candy crush? ¿Para qué realizar algo, si la Inteligencia Artificial  puede realizarlo por mí? Todo al alcance de la mano sin mover un solo músculo. En el momento en que la herramienta "piensa" por sí misma, además de que perdemos autonomía y libertad, condicionamos nuestro organismo a realizar menos tareas, a permanecer inmóviles, desarrollando así obesidad y gran holgazanería. 
 


  ¿Para qué deseamos unas pinzas o bisturí que decidan por sí mismos? Si un teléfono móvil puede ser hackeado o nuestro e-mail, ¿qué impediría que un robot con Inteligencia Artificial lo fuera también? ¿Podríamos vivir teniendo un dispositivo hackeado, antropomorfo de dos metros, con fuerza hidráulica, neumática, que estuviese cerca de nuestros seres queridos, hijos, mascotas? Si la tecnología ayudó en la mejora de la industria en cualquier área, es ahí donde debe permanecer, ya que de lo contrario, si la empleamos para reemplazarnos, se vuelve un peligro para nuestra integridad.

 

   Quien adscribe este blog, se declara en contra completamente de la Inteligencia Artificial. 

   Debemos entablar vínculos sociales, emocionales entre seres humanos, mismos que hemos distanciado, en vez de separarnos más, deshumanizándonos con máquinas que nos reemplazan. Quizá aquí pudiese percibirse xenofobia hacia la tecnología, mas no lo es. Es ahí donde las humanidades, y precisamente la filosofía, debe proponer una ética y una moral de uso, para emplear esa tecnología en aras de una evolución humana, no para un declive de la especie. 

 

   Benjamín Olalde.
  
  

martes, 17 de octubre de 2017

Lo permisivo en la sociedad: el reino de lo absurdo



   Todo está permitido. Donde existe una sanción para alguien, eso será una libertad para alguien más –el ateísmo es libertad en algunos países, en otros es causa de estrangulación o desmembramiento-. Donde para mí pudiese ser un delito –piratería, feminicidio, tortura-, en otros lugares es libertad. Meros usos y costumbres.

   Si todo está prohibido, entonces... todo está permitido. La ley se consuma cuando se decide ser parte del rebaño, del bien común. Nietzsche decía "lo que puede ser común, tiene siempre poco valor".
   Jeremy Bentham fue el creador del utilitarismo, una exención de lo justo, un patrimonio moral en común, para los habitantes de un territorio. Lo útil para todos, sería lo adecuado para sobrevivir. Sí, sobrevivir. Sin embargo, Bentham olvidó mesiánicamente insertar el bien común que se enfocase teleológicamente al amor, al bien estrepitoso de una eudaimonía moral interpersonal. Esto es, Bentham creó un utilitarismo para maximizar leyes que procurasen a los individuos no matarse entre ellos, pero olvidó una utilidad práctica para esas leyes, ya que no sacian una felicidad individual, excepto para quizá, quienes la imponen.
   El ser humano es un conjunto de hadrones, partículas ínfimas –protones, neutrones, electrones, bosones, quarks, etc.- mismas de las que está constituido todo lo que existe, todo: tierra, mares, planetas, galaxias. El ser humano se ha divinizado a sí mismo, al afirmarse unívoco y excepcional, divinizándose –"el hombre es la medida de todas las cosas" dijese Protágoras. El hombre hace sillas para descansar su corporeidad, crea platos para comer humanamente, crea deidades con forma antropomorfa, todo en base a la imagen humana. Las leyes jurídicas están basadas para regular justicia entre los autóctonos, sí. Pero la justicia no es sinónimo de equidad, ni de respeto, ni de moral, mucho menos de ética. 


   Son las leyes jurídicas un confite en la verdadera carrera hacia el plato fuerte, que es la verdadera ley –la muerte-. Con ella no hay marcha atrás. Empero, el humano toma muy en serio imposiciones absurdas que él mismo está dispuesto a revocar, ya que las atiende por mera conveniencia.



   Un gobernante puede detentar jurídicamente las leyes, sin embargo, quizá se dirige despóticamente a los habitantes, puede sublimarlos, moldearlos a su conveniencia. Un sacerdote puede detentar leyes monásticas religiosas, mas eso no impide que se dirija con doble moral, o que contraiga matrimonio, o que reciba diezmos bienaventurados, basados en lavado de dinero. Un ambientalista puede evitar maltratar directamente un conjunto de especies, mas, eso no impide que él tenga tecnología, dispositivos, un automóvil que contamine el ecosistema que afirma cuidar. Hay quienes procuran desde diversas ONG los derechos humanos, o apoyo a ciertos sectores, sin embargo, regularmente bajo ese hálito de castidad y bondad, no conocemos los intereses ulteriores. Quid pro quo. Algo por algo.

   La doble moral existe desde que el ser humano tiene noticia de sí mismo. Rendir cuentas a un patrón, pero, a la vez, hacer lo que a mí me interesa sin que el patrón pareciese darse cuenta. No obstante, separemos la doble moral de los usos y costumbres. Éstos, son las normas con que se rige un poblado específico, en ciertas condiciones bajo ciertas circunstancias, aunadas a su correspondiente constitución política. 

    Si a un poblado le es menester comer gatos por tradición, lo harán gastronómicamente, y será ley para el bien común. Será un atropello violar esa legitimidad. Sin embargo, en otra población será un delito lastimar gatos, y será puesto a disposición legislativa a quien lo haga. Países como Yemen, Somalia, Arabia Saudita, Marruecos permisiblemente tienen matrimonios arreglados con niñas, para que los padres puedan sustentar su economía familiar. Esos matrimonios muchas veces enconan en funesto final, ya que la noche de bodas no es propicia sexualmente para niñas que no se han desarrollado. Esto es una violación a los derechos humanos en muchas partes del mundo, en países donde no existen esas leyes. En Bolivia comer llama es legal, en otras partes se hablaría de tortura animal. 

   Dijese William Blake "la misma ley para el buey y el león, es opresión". El utilitarismo de Bentham, y la teoría de la justicia de Rawls se reducen al absurdo, ya que una ley es una teoría eudaimónicamente correcta como ideal, pero jamás podrá llevarse a la práctica entre seres humanos, ya que, el ser humano, es un animal incondicional, un ser que sólo ha mejorado visiblemente su lenguaje y tecnología para destruirse estrepitosamente, bajo condicionamientos legislativos hacia sí mismo.
   El ser humano crea, promulga y deroga múltiples recovecos en su limitada existencia en el paso hacia la muerte. Su tiempo lo emplea como desea, sin embargo, se torna un absurdo cuando toda ley se convierte en supuestos territoriales geográficamente relativos, bajo ciertas economías y políticas públicas volátiles, bajo los estatutos de legisladores increpados por errores meramente humanos, miedos y fobias. "La verdadera ley es la que nos hace libres" se dice en Juan Salvador Gaviota. Sin embargo, ninguna ley libera, solo amaña y somete para evitar que se destruya el hombre a sí mismo, dando privilegios a un sector aristocrático.


   "Dios ha muerto", proclamó Nietzsche. Si ha muerto, entonces... todos nosotros somos responsables de nuestros actos.

   Benjamín Olalde.