Han pasado años desde que vimos los primeros
robots en la televisión. El robot de Lost
in space gritaba "Peligro, Will Robinson, peligro", o el de la
cinta The Day the Earth
Stood, que posteriormente hiciera remake Keanu Reeves, en cuya original
aparece un robot con inteligencia propia. Robotina de la familia Jetsons, nos resultaba divertida, con su apariencia de sirvienta. C-3PO
y R2D2 de Star Wars nos entretenían
ya finalizando los 70s. No es sino hasta mediados de los 80s, que Schwarzenegger
con su Terminator nos da otra
perspectiva de la inteligencia artificial. De igual manera la cinta Matrix.
El ser humano tiende a antropomorfizar su entorno.
Como dijese el sofista Protágoras "El hombre es la medida de todas las
cosas". Las sillas, ropa, cualquier objeto humano, está basado precisamente
por y para los humanos, en pos de su beneficio. Si fuésemos peces, haríamos
cosas para beneficiar nuestra esencia marina. Tendemos a que nuestro entorno
adopte la apariencia y cualidades de nosotros, los humanos. Vestimos a las
mascotas como nosotros, queremos que el ecosistema se adapte a nosotros. Creamos
a los dioses de todas las culturas con apariencia humana. Y creamos las
herramientas a nuestra semejanza y utilidad. O al menos eso pareciera.
Las herramientas han evolucionado desde el
Paleolítico y Neolítico. Desde meras puntas clovis
talladas con hueso de animales muertos, pasando por carretas jaladas por mulos,
vasijas de ónix, agujas hechas de hueso, hasta jeringas metálicas hervidas para
emplearse, o el telégrafo o unas simples pinzas. Sin embargo, el humano ha mejorado
su pensamiento y, asimismo su tecnología. Desde la aparición de la máquina de Turing
por Alan Turing en 1936, que es la precursora de la Inteligencia Artificial,
hasta Windows 10, vemos que el humano continúa en su empeño por emular la
creación. Emular la naturaleza. El humano se considera a sí mismo un dios,
porque tiene la capacidad de crear.
La Inteligencia Artificial fue propuesta
como una respuesta para emular la mente humana. Tener la capacidad de crear una
mente artificial desde la comunidad de una oficina. Las aplicaciones del
lenguaje computacional beneficiaron mucho su desarrollo en últimas décadas,
tales como Siri, o los robots que son empleados en cirugía a distancia,
máquinas que ensamblan automóviles, o simples brazos que realizan actividades
industriales tales como envasar jugos, o ensamblar juguetes. Ciertamente, ha
sido harto beneficioso y ha tenido recibimiento positivo estas tecnologías, ya
que han abierto la economía a múltiples empresas transnacionales para
desarrollar productos en mayor número y en menor tiempo, muchas veces
prescindiendo de la mano de obra humana.
¿Qué sucede cuando se comienza a desplazar
el tiempo hombre en la sociedad? Se prescinde asimismo del individuo, del
género que sea y de la edad que sea. El correo cotidiano se tornó obsoleto, ya
no hay carteros que traigan misivas de nuestros queridos amigos, ya que
disponemos del e-mail, ya no conversamos frente a frente con las personas, ya
que poseemos Skype o messenger, o inclusive OS tales como Android, o Windows. Ya
no hay ensamblados de máquinas de escribir ¡éstas no se requieren!, porque hay
computadoras portátiles. Inclusive comprar en Ebay o Marcado libre elimina un
intermediario, ya que lo hacemos sin ningún esfuerzo. Ahí es donde comienza el
conflicto.
El avance tecnológico no va de la mano con
el avance moral, ya que en éste, muchas veces pareciéramos estar aún en la Edad
Media. No es el hecho de preguntar ¿puedo clonar un mamut? Sino ¿debo clonar un
mamut? ¿Qué utilidad práctica tendría para mí o la sociedad tener mamuts o dinosaurios
clonados corriendo en la calle? Evidentemente, ninguna, ya que al contrario,
sería un peligro para la especie humana misma. Ciertamente, la tecnología provee
de ciertos beneficios a la sociedad humana para su confort, sin embargo, ese
mismo confort va menguando su calidad y calidez humana. El individuo se reduce
a un pisapapeles, un objeto inerte del que se puede prescindir.
En recientes
años la Inteligencia Artificial ha evolucionado a tal grado, que los algoritmos
se han mejorado hasta adoptar cierto auto
reconocimiento del dispositivo, en este caso, el robot humanoide. En recientes
fechas, han aparecido públicamente robots que pueden dar volteretas en el aire,
o este ejemplo de robot ruso, que puede disparar dos metralletas a la vez. ¿Qué
utilidad práctica tendría para una ama de casa, un invidente o una mascota, el
hecho de que un robot dispare dos armas a la vez? A menos que ellos detenten
contra la integridad de los seres vivos, no tiene utilidad alguna, excepto para
la milicia.
El caso más sonado, es el del robot Sophia,
que recientemente recibió ciudadanía de Arabia Saudita. ¿Desde cuándo un
algoritmo, un software, un dispositivo, puede tener ciudadanía? ¿Qué es la
ciudadanía? ¿Quién la define, bajo qué criterios? ¿Qué es una persona? ¿Un niño
no puede ser ciudadano, un perrito, un delfín?
Asimov describe en su célebre novela Yo, robot, las tres leyes de la
robótica, ya que él mismo tuvo noticia de estas herramientas, en caso de que
pudiesen ser empleadas por unos humanos en contra de otros. No es posible, mas
sí es factible.
No se trata de desplazar al individuo, sino
hacer mejor su vida, tener una mejor calidad de vida. Sin embargo, conforme la
tecnología avanza, notamos que el individuo deja de lado su libertad, y se
recluye en el confort. ¿Para qué caminar a ver
a mi amigo, si puedo verlo en videollamada? ¿Para qué jugar trompo o
balero, si hay Candy crush? ¿Para qué
realizar algo, si la Inteligencia Artificial
puede realizarlo por mí? Todo al alcance de la mano sin mover un solo
músculo. En el momento en que la herramienta "piensa" por sí misma,
además de que perdemos autonomía y libertad, condicionamos nuestro organismo a
realizar menos tareas, a permanecer inmóviles, desarrollando así obesidad y
gran holgazanería.
¿Para qué deseamos unas pinzas o bisturí que
decidan por sí mismos? Si un teléfono móvil puede ser hackeado o nuestro
e-mail, ¿qué impediría que un robot con Inteligencia Artificial lo fuera
también? ¿Podríamos vivir teniendo un dispositivo hackeado, antropomorfo de dos
metros, con fuerza hidráulica, neumática, que estuviese cerca de nuestros seres
queridos, hijos, mascotas? Si la tecnología ayudó en la mejora de la industria
en cualquier área, es ahí donde debe permanecer, ya que de lo contrario, si la
empleamos para reemplazarnos, se vuelve un peligro para nuestra integridad.
Quien adscribe este blog, se declara en
contra completamente de la Inteligencia Artificial.
Debemos entablar vínculos sociales,
emocionales entre seres humanos, mismos que hemos distanciado, en vez de separarnos
más, deshumanizándonos con máquinas que nos reemplazan. Quizá aquí pudiese
percibirse xenofobia hacia la tecnología, mas no lo es. Es ahí donde las humanidades,
y precisamente la filosofía, debe proponer una ética y una moral de uso, para
emplear esa tecnología en aras de una evolución humana, no para un declive de
la especie.
Benjamín Olalde.